Porque su disolución es endotérmica, es decir, absorbe calor del entorno al disolverse. En la lengua ese calor procede de la boca, lo que produce un efecto refrescante marcado. Es bienvenido en productos mentolados y medicados, donde además ayuda a enmascarar el amargor, y resulta llamativo en otros, por lo que hay que tenerlo en cuenta en la formulación.