Su pegajosidad es precisamente la ventaja. Aporta adherencia y agarre que una cera cristalina no puede ofrecer, lo que la hace adecuada para pomadas, ceras de peinado, barras de labios y bálsamos en los que se busca una textura plástica y maleable en lugar de un fraguado firme. Además tiene un punto de fusión bajo, de 48 a 53 grados Celsius, por lo que se ablanda con facilidad al contacto con la piel.