Porque, de lo contrario, una lavadora de botellas cáustica incrustaría. La dureza del agua de aporte y la suciedad que llega con las botellas retornadas depositan calcio y hierro sobre los envases y sobre la máquina, dando botellas turbias e intercambiadores de calor ensuciados. El gluconato de sodio mantiene esos iones en solución para que no se depositen, y lo hace al pH elevado que exige el lavado.