Porque es lo bastante duro para eliminar recubrimientos pero lo bastante friable para romperse al impactar en lugar de cortar el sustrato, de modo que no se dañan materiales blandos como el aluminio, el ladrillo, la piedra y la madera. Además es soluble en agua, por lo que el residuo se enjuaga en vez de tener que recogerse como granalla, algo relevante al chorrear in situ.