Hasta unos menos 26 grados Celsius, lo que cubre la mayoría de las condiciones operativas en los aeropuertos del norte de Europa y de Norteamérica. Se aplica en forma líquida, no deja residuos granulares que puedan ser ingeridos por los motores, y su escorrentía resulta menos dañina para el hormigón y para la vegetación adyacente que la salmuera de cloruro.