Por la manipulación. Una esfera tiene la menor superficie para su volumen, por lo que las perlas generan muy poco polvo al verterse o transportarse, lo que reduce de forma apreciable el riesgo por inhalación y para los ojos y mantiene los equipos libres de residuos cáusticos. Además fluyen libremente por dosificadores de tornillo y volumétricos, donde las escamas irregulares forman bóvedas y se atascan.